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TODA EL ALMA.

Y ahí estabas. Sola. Llorando. Reconstruyendo el puzle de tu vida sin saber muy bien hacia dónde girar. Sacaste de un cajón unos cuantos recuerdos. Empezaste a mirarlos, pero nada era tuyo ya. Notabas una presencia infantil a tu lado, pero permanecía callada, a la espera, observando el modo en que ordenabas las fotografías, algunas pulseritas, unas piedras de colores, un rosario de pétalos de rosa, un anillo y múltiples cuadernos pequeños. Siempre has tenido muchos. Tocabas las cosas largamente. Las cogías y las dejabas lentamente, sin mirarlas. Ahí ya no estabas tú. Ya no quedaba sonido de tu alma. Olvido. Así tiene que ser el no reconocimiento, ese hondo pozo blanco de la desmemoria. No duele. Lo cierto es que no duele. En absoluto.

Es sencillo. Un ruido te hizo elevar los ojos a la ventana, miraste entonces el cielo. Azul intenso. No será difícil _te dijiste_. No será complicado porque la sensación de pérdida no te resultaba extraña, habías pasado más veces por ese camino. Habías perdido muchas cosas ya, y de otras, de otras sencillamente te habías despedido. No será complicado comenzar de nuevo, eso lo sabías. Lo complicado será poner el límite; al corazón, a la empatía, al dolor. Lo realmente complicado va a ser dejar quietas las manos, no alzarlas alto, anularles su ilimitada libertad. No es fácil acorralar al corazón, pero hoy, mientras tus lágrimas caen gruesas y livianas sabes que será necesario. Será necesario poner límite a ese caballo desbocado que es siempre el afecto. Y mientras te lo dices, acaricias tus manos; ellas aún no saben.

(...)

"Saber de experiencia; comunicante, activo, tranformador. Unidad de acción. Vida; situación que ha de transformar. Saber de la vida; la vida no tiene de por sí unidad. Quien anda en dispersión sabe que su vida es vida. Una vida. La unidad le viene de la experiencia. Descubrimiento de la unidad de vida; pensamiento personalista y existencialista."
María Zambrano.

"La vida humana se parece más que nada a una novela. La novela, personaje y situación que nos componemos para vivir. Lo que creemos estar viviendo sería la especie a priori de nuestra vida, tejido con las circunstancias, material irreductible de nuestra vida que hemos de transformar en libertad."
Ortega y Gasset.

INCONDICIONAL


No querías leer, pero a cada palabra, sabías que en ellas estabas tú. En la fortuna, en la deslealtad, en ese amor tan grande que desde la responsabilidad, te rescató del mundo. Palabras de una historia muy diferente, jamás vivida, pero que delimitan tu propia historia. Palabras cuyo eco aún cuelga de tu alma, de tu corazón,  de tu más escondido dolor, y de esas lágrimas que a ratos se te escapaban; una congoja que no sabes si es sólo tuya, o le pertenece al mundo. También, el latido de un amor incondicional que agarrado a tus piernas, te sujeta firme ante el caprichoso destino que te vapulea. Y la evidencia del miedo más doliente; el de la soledad, el de no tener una mano a la que asirse. Y piensas en lo sordo que habría de ser tu sonido, de no haber conocido un amor así.

(...)

Y así, la mirada, recogida en su oscuridad paradójicamente, saltando sobre una aporía, se abre y abre a su vez, "a la imagen y semejanza", una especie de circulación. La mirada recorre, abre el círculo de la aurora que sólo se dio en un punto, que se muestra como un foco, el hogar, sin duda, del horizonte. Lo que constituye su gloria inalterable. María Zambrano.

PERPLEJIDAD



Me conmueve tu no necesidad de palabra. Mi pensamiento se queda perdido ante tu ausencia de sonido. Eres sólo silencio. La ausencia de tu mundo, de tus razones, de tu palabra, convierten el pasado en una imagen inventada, en pura y simple alucinación. En algo creado pero no sentido, en esa parte de nosotros que se sabe pero que no se aprehende, y que quizá un día, se olvida. Eres como un boceto que no es capaz de transmitir, unos trazos pusilánimes en los que la nada habita. La ausencia de palabra, de explicación, de perspectiva es lo que deja a tu mundo sin consistencia. Somos mediante la palabra. Nos explicamos a través de ella. Nunca es certera, lo sé. Pero transita por lo que somos, surge de lo que sentimos, y de una u otra manera, nos damos con ella. Tu palabra no tiene sonido. Quizá tú no lo sepas, pero cuando hablamos, nunca somos ficción. O quizá sí, sí lo sabes. La palabra es un regalo. Y quizá tu no palabra sea simplemente eso, un egoísmo. Nos regalamos a través de la palabra, aunque a veces sea una palabra inexacta, equívoca, confusa y tímida, que a ratos transita a través de lo que aún no nos es conocido; una palabra que tiembla. Otras veces no, nuestra palabra es un sonido rotundo y certero. Incluso, sorprendentemente, y por un instante, puede ser un simple trozo de intuición, una certeza suave, que intenta ser don en la mirada de los demás. Sólo pretende ser esencia, como una caricia. Así es la palabra; inacabada.

Tú habitas el absoluto silencio. Ternura es saber que careces de palabra. Dolor es reconocer que en tu palabra no cabe el mundo que un día inventamos y compartimos. La amistad a veces tiene este componente; la nada. Y me pregunto por qué derroteros caminará una amistad así. O si simplemente caerá en el olvido. Hoy, en el recuerdo de tu presencia, la incertidumbre. Y en su futuro, la nada. ¿Pudiera ser?...

(...)

"Melancolía terrible que deja tras de sí este amor, este conocimiento cósmico, que de tan llenos nos deja luego deshabitados, y que por deshabitados, con un poso no disuelto, no asimilado, con una tristeza venida de la obstinación en querer penetrar lo impenetrable, y en el desamparo en que el humano anhelo queda. El anhelo y la necesidad de desprenderse de la materia idolatrada. Tristeza que sigue al amor, al conocimiento de las cosas de la tierra: "porque estoy triste viajo, y conozco la tierra, y estoy triste."
María Zambrano.

SENDERO



La vida son estos pasos. Dolor y significado. Permanencia. Caminas a ritmo ligero, pero con la mente serena, sosegada, y adormecida. Pareces perderte en cada paso, vas saltando de unos recuerdos remotos a este presente inmóvil, los unes irremediablemente; en ellos estás tú. Los atas al silencio de una sonrisa que siempre estás presta a regalar. Y regresas a aquel tiempo, a tus pasos de niña sobre este sendero misterioso. Yo ya caminé muchas veces este sendero, te dices. Hoy, después de mil años, has vuelto. Te dejas llevar por aquellos pasos y lo haces sobre los de ahora. Fin y principio. Pasos que eran la certeza de lo que aún estaba por venir. Entonces caminabas e inventabas. Hoy lloras y rezas. Entonces era el principio, y luego el final; una casa abandonada. Allí te dejabas arrastrar por la imaginación. Tiempo ilimitado. El futuro estaba por inventar, cosido siempre a las puntadas del deseo, a aquello que secretamente esperabas, en silencio. Hoy es al revés. Hoy lloras la ausencia de un principio. Hoy estás en el fin, y anhelas poder aferrarte a un principio, poder regresar al inicio de la mirada.

El ayer es futuro. Caminas por el rastro de aquel tiempo, por sus huellas sin olvido. El día es recio. Y tú lloras, eres una gran incógnita en ese escenario. Lloras y te dejas absorber por el paisaje. El cielo está cubierto de nubes rotundas y grises. El viento se mueve con absoluta desolación, con inquietud. Es inquebrantable. Observas el sonido furioso de los árboles que delimitan ese pequeño sendero. Significado. A cada paso vas siendo gemido y significado. De un momento a otro romperá por fin el día. Estallará la tormenta. Se romperá el hechizo y podrás mirar tu fin. Podrás mirarlo para poder delimitar tu partida. Fin y principio. Cuando estalle el día, comenzarás de nuevo. Llevas tu mano hacia tu rostro, hacia tu cabello y acaricias con un gesto infantil tu pelo corto y totalmente gris. Eres una mujer de pelo gris. Una mujer que llega a una casa abandonada cuando estalla una hermosa tormenta. Te sientas en el mojón que permanece exacto a tu recuerdo. Eres capaz de volver a oír los sonidos que en ella un día habitaron, sonidos escondidos, misteriosos y cálidos que siempre sorprenden cuando la imaginación es poderosa. Allí están también los pasos de tu infancia. Ves volver, ves regresar tu infancia, a todo lo que se fue con ella, y a todo aquello que quisieras hoy poder tocar. Un segundo. Un minuto. Una hora. Te despides de tu hija, del sonido de su bicicleta, de sus dos coletitas jugando con el viento, de sus sueños a través de tus sueños de niña. Ya no hay tiempo. No queda. Fin. Vuelves a tocar tu cabello gris, lo haces suavemente mientras lloras rabiosamente. Después, te quedas inmóvil, gris y ausente. Tu presencia es esa roca en la que has ido a sentarte. Y desde tu vacío, puedes por fin pronunciar la palabra inicio. Hoy es el principio. Y tendrás que volver a ver tu mundo, verás regresar a tu lado todo aquello que siendo un mundo, rozó tu alma. Dolor, significado, permanencia. Hoy es el principio.

(...)

"Esa magia que nos mantiene encadenados a nuestro entorno, se quiebra, y lo hace sin que sepamos por qué causa, y nos sentimos solos frente a un mundo sólido. Es la soledad del hombre que se siente confundido respecto a su destino. Es la ley del sufrimiento humano, su condena, que es al mismo tiempo una esperanza."
María Zambrano.

ISLA


Mi presencia no tiene sonido, soy el eco de los pasos que no doy. Miro la mesita vieja y no soy capaz de alcanzar con mi mano el libro que reposa en ella. Las palabras del reencuentro quedan así en un silencioso reposo. Mi mirada se posa en el trozo de horizonte que alcanzo a ver desde la ventana. En el mundo, un cielo intensamente azul. Se puede sentir una brisa limpia y fresca, y la luz reposa sobre las cosas. Al fondo, el verde del jardín. Puedo ver la cajita de mi abuela, el lugar en el que ella recogía cada noche un rosario de cuentas negras. Brillante. Alcanzo a mirar su viejo baúl, que permanece quieto en este salón, sin saber muy bien qué hace en esta estancia, añorando las manos que lo cuidaron hace ya muchos años. No me puedo mover. Sobre mis piernas una manta de colores. Conserva aún el olor de las manos de mi madre. Su quietud y su silencio. Y en la esquina del fondo, un cajonero sencillo, recio y con la pátina de lo antiguo. Cada uno de sus cajones, el hueco en el que mi padre guardaba afectos; una foto, una factura, un recorte de periódico, las gafas del abuelo, folletos de viaje. Encima de esa cajonera, reconozco una foto de hace tiempo; una madre y una hija mecen su risa en una hamaca.

Todo mi mundo sobrecogido por la luz de esta tarde, recogido en cuatro cosas sencillas que han venido a habitar una estancia destartalada y vacía. Mi mundo en el eco de esta sala. Y en la pared más discreta, un cuadro de fondo azul. En él un rostro llora. Se sumerge en al amor que no pudo ser olvido. Vuelvo a mirar por la ventana, el cielo sigue siendo azul. Y un mensaje en el móvil me dice que aún quedan cosas por ser conquistadas; materiales inconcretos en los que la infinitud de la vida irá a posarse, y que vendrán un día a habitar mi pequeña estancia. Mi mirada espera. Y en la quietud de esta tarde, respiro la brisa fresca que me trae el horizonte. El mío. Y pienso todo lo inconcreto que aún está por ser vivido. Mi estancia habita ahora en una isla.

(...)

"Pensar es un vértigo; pero también es la vía maestra para valorar hechos simples, grandiosos. Un hecho simple es éste, el de mi efímera circunstancia. Y es grandioso. Porque pese al futuro finito siento la enormidad de la vida, no por larga, pero sí por intensa. Desencuentros de luz y de tristeza. Añoranzas. Deseo."
Carmen Martin Gaite.